Pecadores y Engranajes

"Hoy el hombre no se siente un pecador, se cree un engranaje, lo que es trágicamente peor. Y esta profanación puede ser únicamente sanada con la mirada que cada uno dirige a los demás, no para evaluar los méritos de su realización personal ni analizar cualquiera de sus actos. Es un abrazo el que nos puede dar el gozo de pertenecer a una obra grande que a todos nos incluya." Ernesto Sabato

martes, septiembre 23, 2008

CRUEL Y DESPIADADO

La escena de la calle vacía sería insoportablemente rutinaria de no ser por esta lluvia, con ella se puede disimular el llanto, casi sin hacer esfuerzo alguno; el frío me envuelve con su manto inagotable y sin embargo llevo el corazón en llamas.

Cruel y despiadado, me siento así conmigo mismo por haber permitido que esa mujer me trate así, entiendo que es imposible culpar a un tigre por devorarse a la gacela, aún si las crías de ella consideran a su depredador el mismísimo diablo, mi verdadera tortura es el no poder olvidar, las imágenes de sus actos se graban indelebles sobre mi piel como marcas de hierro incandescente transformando la tersura en cicatriz.

Casi puedo presentir la sorpresa que el universo tiene preparada para mi, estoy seguro de que me sacará del trance de pesimismo en el que vivo por esta maldita obsesión de buscarla aunque me haga daño y mientras me sumo en mi propia miseria, observo a la izquierda antes de acabar de cruzar la calle; me quedo quieto, un auto que se aproxima con la misma calma expectante que tiene el minutero del reloj, puedo sospechar vívidamente que viene por mi.

¿Alguna vez has sentido ese presentimiento tan certero de lo que está por ocurrir y te has quedado pasmado sencillamente esperando el golpe?

El auto se detuvo junto a mi, apareció un tipo al que automáticamente catalogué como físicamente inofensivo y me preguntó por la gasolinera más cercana, le respondí con un par de indicaciones que al salir de mi boca sonaron totalmente confusas, como resultado, ahora el tipo quería saber si le podía acompañar porque no conocía la ruta; evalué la situación un par de segundos; la madrugada, una calle desierta, un tipo que me para el auto y me pide que me suba. No pude negarme porque me sentía tan vacío que en realidad me importaba poco lo que pudiera ocurrir.

Al subirme empezó la preguntadera sobre temas generales, y mis respuestas clásicas, en monosílabos. Empecé a sentirme mejor a través de la tortura que le transmitía a quien para mi era apenas un corderillo extraviado conduciendo un auto; al llegar la gasolinera estaba cerrada, sin embargo habían luces en la casa de a lado, me bajé del auto y empecé a gritar, no recuerdo que dije, pero la casa me parecía familiar. No salió nadie. Al volverme a subir al auto, el tipo me preguntó por otra estación y accedí de nuevo a acompañarle, esta vez el interrogatorio fue por temas un tanto más personales, ¿Que si vivía sólo? NO ¿Que si alguien me esperaba en la casa? NO ¿Que si tenía novia?... Me dio ganas de responderle a gritos si era posible llamarle novia a lo que tenía, me contuve y le contesté silbando la melodía de esa salsa que aún bailaba rimbombante por mi cabeza “señora ley, usted dice que me quiere, y así no se quiere a nadie, mejor no me quieras más!”. La llegada a la gasolinera interrumpió mi estrepitosa escapatoria hacia la indiferencia, el tipo se bajo a tanquear y yo en pos del baño que resultó estar un poco apartado del lugar, di la vuelta a una caseta y de pronto sentí en mi espalda un rasguño súbito, me aparté y traté de voltearme, pero me sujetaron tres manos, dos de los pies y una del cuello apretándome brutales contra la pared

¿Te has sentido totalmente indefenso? Tu cuerpo decae, como una hoja seca que cae de un árbol en otoño y se mece ante los caprichos del viento, yo sentí que no podía hacer otra cosa que mecerme ante los caprichos de quienes me acosaban...

!Cruel! !Despiadado! Gritaban las voces femeninas, !Cómo puedes hacerle eso a ella, cómo puedes decirle tal verdad en un momento de tanta sensibilidad! Y yo apenas podía entender de qué me hablaban, pero hasta tanto me habían despojado de la camisa y podía jurar que en el mejor de los casos estaban dispuestas a lacerar mi espalda con algún artefacto grotesco. Cerré los ojos para asimilar mejor el golpe que nunca llegó. Escuché a las niñas correr y alejarse, y en cuanto me reincorporé, estaba allí el corderillo, con una mirada tan expresivamente libidinosa que ahora me aterro sólo con describirla, atiné a ponerme la camisa y correr de regreso al auto para quedarme silbando de nuevo. Cuando me preguntó sobre lo que había ocurrido, me puse a hablarle de mi esquizofrenia, le conté que a veces me despierto y no se si sigo dormido, que a veces mi otro yo se despierta y le dice cosas a la gente, cosas feas que roba de mi diario y que al despertar yo frecuentemente pago las culpas de sus fechorías.

Con tal argumento creí haberme terminado de merecer algo bueno! Esperaba con ojos de avidez el desenlace que el destino tenía preparado para mi, creí por lo menos merecerme que el tipo tenga una pistola, drogas o sedantes, o bueno quizá si tenía suerte el final sería aún más original, podía ser dueño de un cabaret y agradecerme con un harem de mujeres el inmenso favor que le hice o quizás accionista de una licorería y regalarme una membresía de whisky ilimitado durante un mes o aún mejor, podría ser profesor de salsa o dueño de una institución para enfermos mentales! De todas formas no le iba a preguntar, me quedé sentado con la mirada clavada en la imperfección que tenía la ventana, en el pequeño torbellino de cristal capaz de deformar el mundo a su paso, quería meterme en esa hendidura y acabar de torcer todas las cucharas del mundo con apenas un leve movimiento de mi cabeza, y mientras intentaba hacerlo con todas mis fuerzas, vino la pregunta... “¿Quieres ir a mi departamento?” y la respuesta ante tal falta de originalidad... “Mi casa está a un par de cuadras, déjame donde me recogiste”