Pecadores y Engranajes

"Hoy el hombre no se siente un pecador, se cree un engranaje, lo que es trágicamente peor. Y esta profanación puede ser únicamente sanada con la mirada que cada uno dirige a los demás, no para evaluar los méritos de su realización personal ni analizar cualquiera de sus actos. Es un abrazo el que nos puede dar el gozo de pertenecer a una obra grande que a todos nos incluya." Ernesto Sabato

martes, octubre 28, 2008

El aparato

¿Alguna vez te has sentido como el niño chiquito que acaba de recibir el regalo que más anhelaba en el mundo? La misma criatura inocente que escribió la carta a Papá Noel 2 meses después de Navidad y se portó bien durante los 10 siguientes esperando que llegue la noche buena, al final los ojos brillando y el corazón henchido de alegría y ansiedad, el regalo perfectamente empaquetado, tan reluciente, tan inmaculado, preferí esperar antes de abrirlo, me quedé prendado de su imagen, apenas creía posible que tanto esfuerzo hubiese valido la pena pero era verdad, el objeto de mi predilección estaba ahí esperando que lo abriera, que me devorara ese olor a nuevo que despedía a raudales. Así me sentí cuando me llegó ese nuevo teléfono, tenía Internet, GPS ¡y podía hacer cualquier cantidad de cosas con él!
La noche que me decidí a abrirlo, no pude pegar un ojo, me la pasé descargando programas, explorando posibilidades, dañando el teléfono para volverlo a componer... realmente me divertí, sin embargo al día siguiente había quedado de verme con una amiga para ir a caminar y cuando me di cuenta de que entre moneo y moneo había pasado el tiempo hasta las 4 de la mañana, decidí irme a dormir, no sin antes programar la nueva función de alarma progresiva de mi súper teléfono, combinada con unos mp3 especialmente diseñados para despertar a los perezosos que han dormido poco la noche anterior. La alarma funcionó a la perfección, al siguiente día me levanté muy despacio, salí levemente del letargo, me sentí como nuevo, tomé mis cosas y me fui al encuentro, llegué según yo, 5 minutos antes de la cita, mi amiga generalmente llega puntual, pero como mi aparato estaba nuevito apenas podía contener las ganas de llamarle cada 30 segundos, pero sabía que se iba a enojar si le apresuraba, porque es bastante voluble la niña, así que por mi propia seguridad decidí borrar su número. Mientras transcurrían esos impulsos de llamarle, me fijé en el reloj que colgaba sobre la entrada a los baños del parque, y me di cuenta de que se me había olvidado igualar el de mi teléfono... Cuando saqué de nuevo mi aparato para regular la hora entró una llamada, era de la tarjeta de crédito, es increíble que estos tipos trabajen el domingo por la mañana pensé, pero bueno me amenazaron con ponerme en central de riesgos si no pagaba la cuenta inmediatamente, la noticia no hubiese sido tan catastrófica si no estuviera esperando el lunes en que me aprobaban el crédito que me serviría para iniciar mi nuevo negocio, pero si no pagaba estaría inmediatamente en juego mi reputación crediticia y la oportunidad de entrar en el negocio, se me pasaría. Se me ocurrió entonces la brillante idea de hacer el pago por Internet ! usando mi nuevo cachivache digital ! así podía matar el tiempo hasta esperar que llegue mi amiga, el problema era que la señal era un tanto fluctuante, así que me dediqué a hacer una exploración de campo hasta encontrar el sitio donde más estabilidad tuviera el chorrito de Internet, el lugar ganador fue un columpio diseñado para que cupieran 3 o 4 personas, era como la balanza que sostiene la esfinge de la libertad pero con un sólo brazo, procedí a acomodarme en el seno del divertimento y la página del banco se cargó volando ! Me repetía a mi mismo, que las cosas funcionan así de bien cuando el universo está conspirando a favor! Fue muy fácil llenar los datos, y yo me encontraba rebozando de alegría! era como si hubiera inventado el avión y lo estuviera viendo elevarse por primera vez! o como si hubiese imaginado una máquina de movimiento perpetuo y la estuviera viendo trabajar a la perfección! o como si visualizara ese paso de salsa que quería tan desesperadamente que salga y lo estuviera viendo ejecutado a la perfección, o como si por fin contemplase plasmado el cuadro que siempre quise pintar, sencillamente me estaba regocijando tanto que empecé a hacer piruetas en cada teclazo que oprimía, J daba un salto y me reía, U daba medio mortal, L daba un tirón a la cadena, y así sucesivamente. Fue el formulario más divertido de mi vida ! había tecleado con el mayor de los agrados 81 caracteres, y sólo me faltaban los 3 últimos dígitos de la cuenta, decidí hacerlos de pie sobre el columpio, para cerrar con broche de oro; 8, un salto furioso, 0, otro salto con más energía aún, tanta energía que la cadena cedió, y al caer estrepitosamente, mi aparato rodó por el suelo, cuesta abajo, mientras mi vieja lesión futbolística recrudecía, se me dobló la rodilla y eso me hizo tardar en reincorporarme, dominando el dolor para ir en busca de mi preciado tesoro, las buenas noticias fueron que sólo recibió un raspón, sobre el cuál me consolé pensando que esa iba a ser mi huella personal para reconocerlo de entre los demás modelos idénticos, la mala fue que en la caída, la transacción se había procesado, enviando el poco dinero que me quedaba a otro número de tarjeta...
Inmediatamente procedí a gritar desaforadamente toda clase de improperios sin ningún destinatario en particular, ni con ánimo de ofender a nadie, me quité la gorra, la lancé al piso y me puse a pisotearla, al más puro estilo Don Ramón, después de los quince minutos subsiguientes de berrinche, decidí que tenía que cancelar la cita e irme a buscar una oficina para arreglar mi caso de forma urgente. Procedí a consultar a mi oráculo, esta vez desprovisto de las ganas de festejar cada teclazo, lastimosamente ninguna oficina abría los domingos; el trámite del banco para el préstamo tenía como hora de vencimiento las 9 de la mañana y las oficinas de la tarjeta se abrían desde las 10, para colmo de males mi cuenta de banco estaba prácticamente vacía, con las justas alcanzó para hacer el pago equivocado, mi padre y mis hermanas se habían ido de vacaciones fuera del país y por un bloqueo de cuentas de la empresa, todos mis compañeros de trabajo se habían quedado sin quincena... Nuevamente regresé al estado de desesperación, rabia e impotencia que tanto me perturba, y me puse a darle de patadas al árbol de eucalipto más cercano, que apenas se inmutaba a cada golpe, como a la octava patada mi rodilla se volvió a doblar, produciéndome un dolor intenso, que escaló raudo por la ingle, amplificándose gradualmente mientras me paralizaba la espalda y al llegar a mi cabeza, se convirtió en luz, la mente sencillamente se me iluminó y se me olvidó el agudo dolor, la idea brillante llegó! Mi amigo Chino!! en Miami!!! había ayudado a programar la plataforma de la tarjeta de crédito! y de seguro podía burlar las seguridades para por lo menos conseguirme el nombre de la persona a quién había transferido el dinero por error ! Entre mi semi parálisis, alcancé a estirar el brazo y marcar el número directo a Estados Unidos, mi hermano del alma no me podría decir que no!
Aunque me tomó 3 llamadas localizarlo, por fin me contestó, le expuse mi penoso caso y me dijo que por suerte había guardado la réplica que le permitía hacer pruebas con datos reales, pero que por seguridad los del banco únicamente le habían dado datos de números de tarjeta y teléfonos de contacto, en un santiamén localizó el número y me lo envió por mensaje, yo no supe como agradecerle, así que le ofrecí una buena jornada de alcohol ilimitado con por lo menos 3 días de duración para cuando viniera de visita, se quedó contento. Inmediatamente después de colgar marqué el número que me dio y mientras el teléfono timbraba, empezó a dibujarse a lo lejos, la figura de mi amiga que desde mi perspectiva parecía lejana, como estirada, propia de un dibujo de Dalí, se acercaba a la carrera con cara de preocupación pero con movimientos llenos de gracia, comprendía que estaba a punto de desmayarme por lo delirante del cuadro que estaba observando, y me sumergí en sus palabras que sonaban como alejándose en efecto doppler submarino que combinaba su voz con el tono inconfundible de Bob Marley de su celular, no hace falta que me llames, ya estoy aquí, ya llegué, ¿estás bien?