Pecadores y Engranajes

"Hoy el hombre no se siente un pecador, se cree un engranaje, lo que es trágicamente peor. Y esta profanación puede ser únicamente sanada con la mirada que cada uno dirige a los demás, no para evaluar los méritos de su realización personal ni analizar cualquiera de sus actos. Es un abrazo el que nos puede dar el gozo de pertenecer a una obra grande que a todos nos incluya." Ernesto Sabato

viernes, marzo 31, 2006

Debido a comentarios suspicaces (y por cierto alejados de la realidad) referentes a la orientación sexual de los colaboradores de este blog por parte de individuos cuyo nombre no será mencionado (pero que comienza con Phan y termina en tom); en nombre del equilibrio de género, del equilibrio universal, del equilibrio sobre la cuerda floja, de la flojera; pero por sobre todo anteponiéndo como base estructural y cimiento ideológico la tolerancia; y en teniendo como testigos de honor a los asiduos visitantes de este blog (posteen chucha), el Ingeniador y el Patán damos la más cordial bienvenida a nuestra nueva colaboradora.

Por demás está decir que el proceso que se llevó a cabo de selección, y posteriormente, de admisión cuenta entre los más estrictos y difíciles de este sistema solar y sus alrededores. La mencionada nueva colaboradora (cuyo nick será develado mediante ceremonia íntima y particular cuando las condiciones sean propicias) tiene el honor de integrarse al equipo luego de aceptar las siguientes condiciones:

1. Se le prohibe terminantemente postear
2. Se le permite demostrar su veneración y admiración por el Ingeniador y el Patán mediante la donación voluntaria de dos jabas de rubias espumosas (de preferencia producto nacional, Pilsener) semanales (estupideces como los domingos y feriados servirán para demostraciones exóticas de devoción: Caña Manaba, Pájaro Azul, Puntas de Ibarra, Canilla de Muerto, Frontera)
3. Todas las anteriores

Firmado y sellado en la República Independiente de Conocoto Alfarista (RICA), sucursal No. 1, La Base Secreta (el hueco batracio), sucursal No. 2, La Base Supersecreta (la cantina barata).

Sexo, alcohol y rock n roll. Viva la Patria !

jueves, marzo 30, 2006

Los pueblos son dominados más por la mentira que por la fuerza. (Simón Bolívar)

...Y la mentira hace sus primeras y mayores presas entre aquellos que viven en la ignorancia.

No te sientas vencido ni aún vencido. (Lenin)

Hay días en los que uno se levanta más izquierdoso que de costumbre, al menos cuando antes de abrir el comercio te dicen en los titulares que la quinua entrará al país ese grandote cerca de Canadá. Cuando chuchas uno sabe que la vaina entraba desde hace rato por un tratado que se llama ATPDEA, creen que uno es cojudo, realmente.
Más abajo te dicen que los carros usados que vienen del mencionado imperio serán más baratos y anuncian el reportaje para el día siguiente con bombos y platillos, como si eso no fuera más que un plato de lentejas, como si a uno eso no le valiera un culo en comparación con cosas como la dignidad, pero para que seguir si creen que uno es idiota, además quién chuchas se va a poder comprar un carro si no tiene empleo.
Pero lo mejor es esto, el lameculos de las camisetas (camisetas pinto) y sus panas contratan una publicidad de las páginas centrales de la primera sección de el comercio (cuánto chuchas costará eso, son las dos páginas centrales completas !) en donde se cuestiona la reforma a la ley de hidrocarburos, que pretende una repartición de ganancias entre el Estado y los ladrones de las petroleras sobre los excedentes de los precios de crudo WTI. La repartición nisiquiera es justa (pues deberían devolvernos todo lo que nos roban), pero ya es algo de ingresos para el Estado, pero este hijo de puta sale en favor de las petroleras... increíble !

miércoles, marzo 29, 2006

¿Y si aquel ser alado no fuese ni ángel ni demonio?















Sería un pedazo de luna que se desprendió por el capricho de la humanidad que necia quiso modificar la marea de los océanos.

Caíste al inicio levemente, como la hoja de aquel árbol ancestral en el bosque oscuro, suspendida entre la bruma azul que lo inundaba todo.

Precipitada en un estruendo sordo, al tocar el suelo te transformaste en crisálida celestial.

Ahora me sorprende verte en mi abismo, con tus alas maduras, bañada por la luz de quien fuese tu progenitora. Es un hecho, heredaste su rostro.

¿Estás lista para teñir mi oscuridad de gracia, Selene?

domingo, marzo 26, 2006

YO NO QUIERO TU HUEVADA

Cuando un negrito que ha pasado su tierna infancia, se te acerca y te pide una colaboración, no descartes un asalto.

Dócilmente aflojas el cuerpo (al menos si el negrito está bastante crecido), pones cara de cojudo y sacas tu billetera del bolsillo. El negrito, sin disimular ya el atraco, te pregunta:

¿Cuánto me vas a dar?

Y vos le dices que TODO, por supuesto, con el rostro disuelto en la misma expresión de ternura efervescente que pone la quinceañera enamorada desflorada en las garras de su primer amante boliviano.

Casi al mismo tiempo, aparece en las manos negritas, el consabido catalizador delictivo:

Una manopla, pistola, cartuchera, nueveministros, carabina, mosquete, granada, bomba de agua, tacoedinamita, quijada ‘e burro, machete, lámpara fluorescente, lámpara de minero, cuchillo, chuzo, tijera, punzón, matraca, taco aguja, chipote chillón, maceta de cactus, destornillador puntecruz, picahielos, agujeta crochet, gato hidráulico, gato muerto, uña de gato, lápiz mongol hb, pincel y crayones, sacapuntas, compás, rapidógrafo, alambre de púas, pelota ponchada, cometa electrocutada, condón usado, careta de año viejo, tronadores, castillos, volcán torero, pedo chino, silbadores, vaca loca, cacho de toro, polvo picapica, huevo podrido, tarro ‘e pix, burundanga, TLC, toalla sanitaria, papel de regalo, papel higiénico, rollo de papel, cemento de contacto “el africano”, plastilina, abdominizer, jeringuilla, media con pecuela, tanga de la liga, reguetón, perreo, gringa bailando salsa, discurso derechista, frasco de jarabe, whisky chiviado, CD pirata quebrado, palo de escoba, milocoesdiez, galón de puntas, tapa de olla, libro gordo de petete, taburete, antena de televisor, televisor en teleamazonas, revista hogar, la grapadora, la sunchadora, rollo ‘e taipe, borrador de queso, preséntame-a-tu-ñaña, graduador y escuadra, zapatito cochinito, puteada de vieja lengua ‘e fuete, chorizo sandunguero, luciopresidente, emulsión scott, afeitadora, gillete, cédula falsificada, sopa de sobre o similar.

Le adviertes al negrito en tono maternal con tintes de suplicante, que los últimos 3 pesos que tienes están en monedas, y que él sabrá disculpar. Para remediar el agravio le ofreces que se lleve la billetera de cuero. El negrito agarra las monedas, todas de 5 centavos, y se las guarda en el bolsillo. Te devuelve la billetera de cuero, y te dice bien claro y pa’que no se te olvide:

YO NO QUIERO TU HUEVADA.

Y bueno, pecador, cuando la vida te salta como un negrito choro avispado, improvisadamente en una esquina para estamparte alguna de sus vainas ¿no te da la gana de gritarle en la cara a viva voz: “¡YO NO QUIERO TU HUEVADA!” ?

viernes, marzo 24, 2006

San Pedro

¿Qué sería de mi viejo amigo el Patán, si de chiquito se hubiese comido toda la sopa?

¿Qué hubiese sido de mi, si hubiese salido como un loco desaforado detrás de todo lo que me intriga?

La calle anida a personajes extraños, que en ocasiones llegan a convertirse en esotéricos. Quisiera que imagines la típica tiendita de barrio y tu cara de gil, al ver que en la billetera no tienes más que tres tristes pesos. Y esa cara la puedes dibujar sobre el cuerpo de fakir de un ingeniero regresado de Alemania cuya filosofía se resume en la creencia de que no hay mejor forma de acabarse la plata que comprando cerveza y aplanchados. Ahora tiéndete al sol, en la grada que da a la calle y siente cómo se te calientan los brazos y la cerveza corriendo glacial desde tu boca hasta desaparecer en un manantial de resaca.

Mientras conversaba a calzón quitado sobre la cuadra con el Patán, apareció encorvado parsimonioso y alegre un indígena de avanzada edad, vestía desaliñado un traje y en su cara arrasada por el ancestral coexistir andino de la lluvia y el sol equinoccial, se dibujaba una cálida sonrisa justo debajo de los cuatro pelos que integraban su barba rala. Con mirada dulce le dijo al Patán:

“Has venido por aquí patrón”

Y se acercó a darnos la mano como respetando un protocolo inmemorial. Recibo un codazo en el costado por parte de mi amigo y entiendo inmediatamente que es necesario ofrecer parte de nuestras provisiones, accedo sin reprochar. De la bolsa de celofán acomodo un par de aplanchados y se los extiendo al aparecido octogenario, él los toma entre sus manos, los desmenuza con ternura como si fuesen palomas a punto de salir volando y dice:

“Polvo, todo es polvo”

Los ojos del Patán se cruzaron con los míos como queriendo buscar concordancia frente a la profundidad de la frase que acabó de hundirnos simultáneamente en un plano subliminal. El anciano entonces, volteó a mirarme a los ojos, para conectarme súbitamente con su mirada como si me conociese de toda la vida, abrió la boca de nuevo:

“Verás… Dios dispuso las cosas como están, COGERÁS”

Mi quijada procedió casi automáticamente a colgarse y mi rostro se quedó petrificado. Luego el anciano regresó a verle al Patán, que ya estaba atrincherado bajo un sorbo interminable de cerveza y le dedicó otro comentario:

“Comerás todo”

La carcajada subsiguiente nos lanzó de nuevo a la realidad, como si hubiésemos estado levitando por acción de una fuerza misteriosa que en ese preciso momento cesó por completo. La despedida fue igual de cálida que la bienvenida, inclusive fuimos invitados a visitarlo en su casa el próximo fin de semana, acto seguido nuestro extraño amigo volteó calmoso para emprender su caminata, a un ritmo de apenas un paso cada 3 segundos. Una vez que dejamos de verlo por el quiebre de la pared esquinera, el Patán me aseguró que si ese rato nos levantábamos a observar, ese man ya habría desaparecido. Instantáneamente nos pusimos de pie y sacamos las cabezas sincronizadas y raudas como un par de conejos en un campo silvestre.

La calle estaba desierta.

No cruzamos palabra con el Patán hasta que el bus apareció. Al subirnos accedimos a sentarnos en la parte de atrás. Una vez abandonado el sitio, el habla regresó y no tardamos en ponernos de acuerdo en que habíamos sido abordados por el mismísimo San Pedro.

Unas cuadras más tarde el bus se detuvo ante la figura grácil y elegante de una mujer joven, quien no tardó en abordar. Procedí entonces a exponerle al Patán que si San Pedro me dijo que Dios dispuso las cosas como están, aquella mujer hermosa se había subido sola ese mismo instante a ese preciso colectivo por alguna buena razón. Tenía que ir a hablarle y el Patán tenía que comerse no más todo lo que se le antojase.

¿Y ahora qué le digo Patán?, procedí a inquirir infructuosamente.

Bueno, aunque ninguno de los dos atinaba qué decir acordamos por lo menos ir a admirarla de cerca. Cuando nos sentamos a sus espaldas, el Patán víctima de los nervios notó haber olvidado su paraguas. Permiso, permiso, me dijo, y al levantarme para darle paso, pude mirar el rostro perfecto de la joven que me dedicaba su perfil, recordé las palabras del anciano y sentí un calor que me recorrió desde la punta de los pies hasta el último de mis cabellos y sin pensarlo dos veces, puse cara de Navidad y pregunté:

¿Saldrías con un tipo que conociste en un bus?

Entonces como un rayo de luz, la sonrisa iluminó la cara de la bella dama y entre carcajadas mencionó su respuesta, mientras el Patán se revolcaba de la risa en el asiento de atrás recriminándome por ser tan directo.

Lo que siguió, sinceramente quisiera vivirlo y no relatarlo. Quizá la historia siga el curso natural que fue vaticinado. Sólo sé con certeza que todavía circulan por mi mente las palabras mágicas que recibí de aquel anciano místico y que el Patán ha aumentado su apetito considerablemente desde esa mañana.

jueves, marzo 23, 2006

commenting and trackback have been added to this blog.

commenting and trackback have been added to this blog.

La ciudad había perdido sus proporciones. Ya no cabía tanta gente en las calles. Hasta los perezosos y los petacas habían hecho varios viajes hacia el sur llevando las cosas más queridas para morir junto a ellas: los portarretratos, las cartas, las estampas, el calzador, las medallas, los corozos, las chinas, los carey, las polveras, los cofrecitos, los relicarios, los recortes, las postales, los pasteles, las pistolas, el portalápiz, la lazulita y el lapizlázuli, la poma, la bombonera, la compotera, el dije, la alhaja, la hachuela, la vihuela, el mandolín, el ludo, el dominó, los dados, los naipes del tresillo, el gramófono, el antifaz, la chispa, la petaca, los penecas, el sonajero y el chinesco, la matraca y la guaraca, el samovar y el escalfador, el sacacorchos y el tapapicos, el reclinatorio y la mecedora, la poltrona y el armario de lunas con espejo de cristal de roca y orillas biseladas, la bacinica, los gemelos, el organillo, la perla suelta, la cadena con mayólica, los colgantes en filigrana, las chinelas, babuchas, folgos y chapines, los huevos de pascua, los pedazos de cuarzo envueltos en papel de seda, el olor del clavo de olor sostenido en un algo de algodón, el embudo miniatura, el apagador de velas, el calidoscopio, la ocarina, los zancos, las garrafas, la damajuana, el pondo, el tiesto, el zurrón de puntas, (hasta aquí Iván Egüez, en "La Linares") las puntas... y sobre todo las puntas... y a diario... las puntas... (hasta aquí la contribución del Ingeniador y del Patán como homenaje a los treinta años de la publicación de "La Linares". Que conste, que no es un homenaje cualquiera: en lo de las puntas ya llevamos desde Carnaval; a diario, como digo, recorriendo la geografía ecuatoriana y la intestinal; y mezclándolas con todo posible condimento, en especial si es condimento boliviano... Salud !)

miércoles, marzo 22, 2006

Si la Historia tuviera una finalidad, qué lamentable sería el destino de quienes no hemos hecho nada en la vida. Pero en medio del absurdo general nos alzamos triunfadores, piltrafas ineficaces, canallas orgullosos de haber tenido razón. (Ciorán)

A nada se acostumbra uno tan rápido como a trabajar lento. El apuro es algo del demonio, una característica del demonio. No estamos obligados a ninguna cosa, solamente a morir.

Sobre el piso del confesionario

La historia debería terminar donde empezó. En el piso. Y tú deberías regresar, abandonar la tibia cobardía que es tu manto de soledad y regresar.

Un pequeño escarabajo atraviesa el viejo tinglado, como si fuese un recluta oprimido ante la imponencia de la pista de obstáculos, todo huele a diesel. La luz se escurre temerosa entre las rendijas de un par de puertas desvencijadas, de un roble tan viejo que pareciera tener vida propia.

¿Es una razón suficiente, el impulso ingobernable de sumirse a más de 500 años de influencia española para ir a un confesionario? En la fachada barroca de piedra tallada podrías encontrar la respuesta, si te sentaras a leerla con la mente enfocada en lo que debieras pensar. Entonces aquel ángel de alas desgastadas te miraría profundamente y te lo contaría todo, con la misma mirada que dibujas en el confesionario, cuando entras y te arrodillas, sumisa, humilde y paradójicamente inocente.

“Ay padre, siempre me pregunto cómo será cuando "ella" (cualquiera) es cuando tiene sexo?? O, cómo lo hará fulano??, Qué color de ropa interior lleva puesto??, tendrá belludas las piernas??, etc.!! No sé, eso es todavía más entretenido, bueno, a veces la gente puede interpretar eso como "depravación" o qué sé yo, el punto es que me gusta imaginar. Mi gran problema es que a veces suelo imaginar demasiado y bueno, acorde a las cosas que escucho o lo que veo, comienzo a imaginar historias en mi cabeza, es chistoso, suelo relacionarlo con cosas que me han pasado... si les contaraaa....uuuh... mucha información”

Y las palabras de aquella niña cayeron como semillas fértiles en un campo inhabitado. La cincuentenaria mente del padre comenzó a levantar el vuelo, giró sobre su propio eje transformándose en una milagrosa máquina del tiempo que recorrió más de 30 años. En apenas un par de segundos el casi anciano eclesiástico regresó a su juventud. Hacía años que no había podido volver a figurarse aquella escena remota, junto a su mejor amigo, el adolescente sobredesarrollado y precoz que lo introdujo a la teoría de las artes amatorias orientales, las luces de los autos en la Amazonas (cuando ésta era doble vía), un boulevard neorrenacentista con todo tipo de visitantes deambulando en busca de algo, una cosa que ni ellos mismos sabían definir con exactitud, pero que la sentían y hasta cierto punto la imaginaban. El escenario no podía ser más propicio para entablar la conversación, sentarse en la banca de piedra y mirar al mar de vehículos oscilar, como gobernado por algún tipo de magnetismo lunar.

La escuela tántrica y la taoísta, hacía tanto tiempo que no lo había pensado. Y mientras las palabras de la confesión deambulaban como un escaso caudal de riachuelo, recordaba, haciendo un recuento.

Había pasado más tiempo estudiando aquellas artes de lo que pasé estudiando teología en el seminario, y tuve que olvidarlo todo por el bendito voto de castidad, sin embargo, no borré de mi mente ese bagaje, solo estuvo escondido, ahora puedo volver a abrir la puerta de esa sección de mi memoria y encontrarla distribuida cuidadosamente, las estanterías de pino viejo, empolvadas y cada tomo cuidadosamente encuadernado en cuero azul con títulos en letras doradas. La escalera yace esperándome, ha permanecido en el mismo sitio a pesar del paso de los años. Por fin encuentro aquel volumen ampliamente censurado por mis más innaturales principios, al abrirlo puedo absorber la fragancia juvenil que emana del papel y la tinta.

Después de mucho estudiar, había llegado la hora de ponerlo todo en práctica, y para ello, había encontrado a la compañera perfecta. Tenía quince años y una experiencia sensorial tan incipiente que apenas distaba de la de una niña de escuela.

Y mi intención en ese entonces no era muy distinta a la de un niño que acaba de recibir un carro de juguete y quiere salir a la calle para dejarlo que corra por la empinada pendiente, hasta perderse en el olvido. Habíamos decidido ir a su casa, yo le dije que tenía algo para experimentar, pero que necesitábamos estar a solas, ella accedió y lo planeó todo para el día en que sus padres salieron de viaje. Aquella mañana, estuve puntualmente a la sombra de la planta de marco que cobijaba la puerta de su casa, eran las 8 de la madrugada. Como queriendo esconderme, lancé tímidamente un par de piedras a su ventana, y el portero eléctrico soltó un chispazo que abrió la puerta. Yo llevaba mi mochila negra, jeans azules, camiseta blanca de algodón y mis botas de combate, uniforme diario para no complicarme con elecciones diarias de atuendo.

Entré a su sala, y la encontré allí, recostada con cara de sueño, todavía tenía puestas sus tres pijamas encima, y no parecía haber despertado del todo, entonces la besé en la mejilla y le dije que descansara, que yo prepararía todo para su sorpresa. Ella volvió a entrecerrar sus ojos y se quedó profundamente dormida en el diván.

En mi mochila llevaba mis manuales amatorios, legados por mis maestros y tutores orientales. El incienso, las velas, el aceite, fueron cuidadosamente dispuestos en la habitación de acuerdo a las reglas del Feng Shui. El escenario del amor debe ser preparado con minuciosidad, cerré las cortinas cortando el paso a la luz, coloqué música instrumental Celta y para bañar la escena de luz roja, cubrí las lámparas con tules y las encendí. La cama fue cuidadosamente tendida, ahora recuerdo que mi corazón se aceleraba de emoción al saber lo que estaba preparando, como si quisiera adelantarse en el tiempo, salirse de mi pecho e invadir la escena que con impaciencia empezaba a aproximarse.

La respiración se me aceleró, y traté de hojear rápidamente mi manual taoísta para no olvidarme las secuencias.

Descendí las escaleras, me acerqué y posé mis labios sobre su rostro, calentado por la energía radiante de sus sueños; cuando despertó me tomó entre sus brazos y me estampó un beso profundo que me sumió en un estado de trance, casi inmediatamente. Mis manos procedieron casi automáticamente a liberarla de sus múltiples atavíos, como un lobo que corre tras su presa fui en busca de su piel y no tarde en encontrarla frente a mí completamente desnuda, entonces me tomé mi tiempo para disfrutar de su silueta exquisita, como queriendo bebérmela con los ojos.

Subimos al escenario tomados de la mano, al llegar le pedí que cerrara los ojos, tomé un trozo de seda blanca y vendé sus ojos, luego la ayudé a recostarse sobre el edredón que todavía guardaba su propio calor corporal. Junté mis manos sobre mi plexo solar y acumulé energía, entonces procedí a acariciar su piel, sin tocarla, y podía sentir como su ardor se sumergía en mis manos, como una capa invisible de calor, procedí a extenderla por cada uno de sus poros. Cuando terminé de recorrerla tomé aceite y me dediqué a disfrutar de su piel, a humedecer cada rincón con aquella capa de elixir relajante. Trataba de prestar atención a sus reacciones, y pude ver cómo cambiaba la rigidez de sus pezones, y cómo lentamente los muslos empezaban a temblarle. Había llegado el tiempo de las caricias, le retiré la venda con delicadeza impensable para aquel estado de excitación, nos arrodillamos frente a frente y empezamos a acariciarnos mutuamente sin dejar de mirarnos a los ojos, empecé por sus brazos, y lentamente fui subiendo hasta su cuello, hasta que abrió la boca y observé su lengua que salía en busca de mi, entonces me tomó la mano y me dirigió a la exquisitez infinita de sus senos, y después de explorar cada palmo me dirigió a su vientre. Exploré lentamente con mis dedos cada rincón de sus comisuras, mirándola abrirse ante mi como lo hace una flor en primavera para captar los rayos del sol, entonces no soporté contenerme más y me atreví a saborearla, sumergido entre sus aromas y sabores me perdí en el tiempo.

Ella gemía y me pedía más, yo la complacía, mis entrenamientos de esfínter me permitían mantener el control y no llegar al petitte mort. La complací una y otra vez, sus orgasmos fluían con enorme facilidad y yo apenas podía creer que todo lo que había leído había rendido sus frutos, ahora había comprobado que todos aquellos empíricos arrogantes que presumían de sus habilidades, no tenían idea de cómo hacer disfrutar de verdad a una mujer, y sentía el poder sobre mí, quería más, quería hacerla explotar una y otra vez, hasta que ya no pudiese sostenerse en pie. Después del quinto orgasmo ella suspiró y cayó rendida sobre mí; dormimos durante más de 8 horas, hasta que nos despertó el crujir de la puerta, ¡había llegado su mamá!

Cuando el padre recordó el crujir de la puerta, un sonido exacto al anterior se producía al levantarse la niña del confesionario, mientras ella se alejaba alcanzó a escuchar su murmuro “Este padre, cada vez está más viejo, ahora sucede que hasta mis pensamientos más atrevidos le parecen poca cosa y se termina durmiendo”

Una carcajada muda se disimuló entonces en aquella caja de madera, y la historia termina con unos pasos que resuenan sobre el enorme tinglado colonial, el escarabajo todavía lucha por escapar de la pista, y los últimos rayos de la tarde caen sobre el piso liberando las últimas partículas de diesel, todo regresa a donde debe estar, al piso.

martes, marzo 21, 2006

Por lo que robé de los tejados


En un papel mal doblado yace inerte sobre tus manos mi despedida

mi ausencia será voluntaria

como el rocío que decide bañar a las flores del mal


En un papel mal impreso se enredan los versos que mataría por escribir

seguirás siendo estrella vespertina

escondida en la falsedad de un cielo amanecido


En un papel manchado pintaré con mi vida un árbol

y a su sombra esperaré que lo deshaga la furia de tus lágrimas

o que lo ilumine el profundo mar negro de tus pupilas


Volveré a plegar mi vida para ti

para caber en tu bolsillo

y viajar a tu lado imperceptible a sus sentidos

cuando él vuelva sobre ti como lluvia o aguacero


Mas no temas, mi fulgurante dama central

porque estaré a tu alcance

vagaré por los tejados buscando acompañar mi soledad

tomaré a un patán por maestro

mientras tú haces de tu esencia

autoenseñanza propia de naturaleza prístina


Tan solo pido que no renuncies a reinar en mi noche

con la mirada súbita y única

que no deja de ser luz

de siete millones de años atrás